El cafeto es un arbusto, perennifolio, de fuste recto que puede alcanzar los 10 metros en estado silvestre; en los cultivos se los mantiene normalmente en tamaño más reducido, alrededor de 3 metros.
Es una de las pocas plantas que florece y da fruto al mismo tiempo. El árbol, de forma cónica, se caracteriza por la flexibilidad de sus ramas, unas hojas de color verde intenso y una flor blanca con agradable aroma a jazmín.
Taza de café Foto tomada de Internet
Expansión por el mundo
Aunque no se tienen documentos fidedignos sobre cuándo se comenzó a consumir, se conoce que aproximadamente en el siglo XV, aparecen las primeras evidencias sólidas sobre su consumo; gracias a los registros de la comercialización del café entre Etiopía y los monasterios Sufistas**** de Yemen. Acelarando su expansión en el siglo XVI, llegando al resto de la población, y a todo el mundo Islámico.
A principios del siglo XVII llega a Europa. La historia del café en el viejo continente comienza en 1575, por un botánico Alemán llamado Leonard Rauwolf quién lo mencionó en una de sus exploraciones a África. Gracias a él, y a otros exploradores europeos, se comenzó a generar interés. Pocos años más tardes, al inicio del siglo XVIII, se encuentran los primeros registros de comercio de café entre la república de Venecia y el norte de África.
Al nuevo mundo llegó por Nueva York, que por aquellos años se llamaba Nueva Amsterdam, a mediados de 1600. Pero no fue hasta 1773 que se convirtió en la infusión por excelencia. El motivo: los altos impuestos que cargaba el rey Jorge sobre los productos más demandados, entre los que se encontraba el te.
Si este crecimiento parece impresionante, no es comparable con el experimentado durante el siglo XX. Fue entonces cuando el café pasó a ser la infusión más consumida en toda la tierra. Ese es uno de los momentos clave de la historia del café.
Origen del nombre
Alrededor del siglo XV, momento en el que se inicia su expansión por el mundo islámico a través del Yemen, se inicia un intenso debate sobre la legalidad de su consumo. El principal motivo de discusión fueron los efectos de excitación y energía que provocaban al cuerpo. El caso es que solían interpretar estos síntomas como intoxicación y en la cultura islámica eso está prohibido.
Curiosamente, fueron esas cualidades que en su conjunto, le dieron origen a su nombre actual. La palabra café es una derivación de Qahwa , que significa excitante , energético , vigoroso.
Curiosidades
Se creía una bebida demoniaca, por ello tuvo que intervenir el papa Clemente VIII para asegurar que era una infusión apta para cualquier creyente.
En el siglo XVII se consideraba, tanto al té como al café, como una droga. Se pensaba que un consumo excesivo provocaba la muerte. Sin embargo, el rey Gustavo III de Suecia decidió poner a prueba esa aseveración. Ésta, básicamente consistía en seleccionar a dos presos, uno bebería cada día una taza de café y el otro una de té. Este experimento fue seguida por una comisión médica. Lo curioso del caso es que, antes murieron los miembros de la comisión y el propio rey, que los reos. Por último, tras muchos años de seguir con su dosis diarias, el primer preso en morir fue el que tomaba té.
En Alemania y Rusia existían regiones donde se castigaban con castigos físicos, que en muchos casos llegaron hasta la mutilación, a quellos que bebían café. Es más, a las personas que sufrían crisis nerviosa, solía indicarse que la causa era el café. No fue hasta mediados del siglo XIX, que esta rigidez fue disminuyendo.