Ikebana. Foto tomada de Internet

Ikebana: El arte del arreglo floral

Todos los que logran sobresalir en el arte poseen una cosa en común:

una mente en comunión con la naturaleza a lo largo de las estaciones…

y todo lo que ve una mente así es una flor y todo lo que una mente así sueña es la luna…”

Matsu Basho (1644-1694), poeta japonés de Haikai

Con la idea de conectar al ser humano con la naturaleza, la práctica ancestral del Ikebana pretende representar la armonía del Universo por medio de arreglos florales. El ikebana es un arte delicado y elegante donde la naturaleza es la base de estas piezas esculturales, que son famosas por su simplicidad.

¿Qué es el Ikebana?         

Conocido como “el arte japonés del arreglo floral”, el ikebana (生け, flor viviente); también conocido como kadō (華道 ó 花道?, el camino de las flores), es una práctica tradicional de Japón muy popular en la decoración, ya que va más allá de la estética y se considera como una forma de meditación.

Orígenes

Las plantas son una parte intrínsecamente importante de la religión sintoísta. El  sintoísmo (o shintoísmo), es una religión animista, originaria de Japón y que se basa en la veneración a los kami, espíritus sobrenaturales que habitan en elementos naturales como el agua, las piedras, las plantas, etc.

Por ello, existe una larga tradición de aprecio por las variedades estacionales. Muchas recibieron significados importantes, y era común regalar flores y plantas como bienvenida a los kami.

Para acogerlas en los lugares sagrados, los sacerdotes seleccionaban los árboles que considerasen adecuados para actuar como una especie de antena espiritual (yorishiro). Otro ejemplo es el tamagushi, una ofrenda compuesta por una rama de sakaki decorada con tiras de papel, seda o algodón, presente hasta la actualidad en ceremonias religiosas.

Un yorishiro en un árbol gigante. Foto tomada de Internet
Tamagushi, ofrenda ancestral. Foto tomada de Internet

El origen más evidente, sin embargo, son las ofrendas florales budistas, kuge, un hábito que nació, según la leyenda, del propio Buda Gautama. Se dice que, al ver una rama de rosas rota, se habría sentido conmovido por el estado de las flores y le habría pedido a un discípulo que las introdujera en un vaso de agua para que pudieran vivir más. Desde entonces, los budistas empezaron a decorar los altares con arreglos florales, trasladando esta costumbre a China, Corea y, por último, a Japón.

En el siglo VII, cuando el budismo llegó a Japón, las flores eran una ofrenda común. Cuenta la leyenda que el monje Ono-No-Imoko decidió que los sacerdotes budistas no estaban haciendo arreglos florales dignos de los altares en los templos. Harto del mal gusto y el descuido de sus contemporáneos, Ono-No-Imoko se dedicó a enseñarles cómo representar la armonía del Universo con flores. Así nació el Ikebana: el arte japonés de diseñar arreglos florales con una intención mística.  

La primera mención escrita sobre el ikebana se remonta al siglo X en el Kokin Waka Shu, un libro de poesía:… “en un recipiente coloca una rama de ciruelo en flor…” Pero será en el período Heian (794-1192) cuando abandonen su faceta religiosa para hacerse populares entre las clases altas japonesas.

Ya en el período Kamakura (1192-1333) se pondrá de moda la construcción dentro de uno de los cuartos de la vivienda (zashiki) una especie de nicho llamados tokonoma,  consistente en un tatami con  una mesa baja, una vela, un incienso, un kakemono (rollo de pintura despegable en el que suele aparecer caligrafía japonesa), una ofrenda y un ikebana. Con el paso de los años cambió la concepción de este espacio, apareciendo en las casas como el lugar sagrado de éstas. Debido a las reducidas dimensiones del tokonoma, los arreglos florales se hicieron para ser vistos de frente.

Tokonoma. Foto tomada de Internet

En el siglo XIV, durante el mes de julio, muchos festivales se celebraban en los más importantes templos y santuarios. Tales eventos se conocían con el nombre de: Shichiseki-Horaku-no-Hana. En dicha época el concurso de flores Hana-Awase llegó a formar parte del concurso de poesía ya existente muchos años atrás: Uta-Awase. Con motivo de estos concursos no solamente se combinaban los dos artes, sino que se exhibían vasijas, contenedores y floreros. Los cortesanos, samuráis y monjes competían por el mejor premio, concursando con flores exóticas o vasijas de delicada belleza traídas de China.

El ikebana, se consolidó durante el período Muromachi (1336-1573). Los arreglos florales eran muy apreciados por la aristocracia, y  los monjes utilizaban esta disciplina como herramienta de meditación y relajación. Desde entonces se han escrito varios textos, siendo el más antiguo el  Kaoirai no Kadensho (1499) en el que se pueden encontrar ilustraciones sobre arreglos florales realizados en vasijas, con fondo de arena.

Mujer haciendo arreglo floral utilizando ramas de pino y cerezo, Suzuki Harunobu (1725?–1770). Foto tomada de Internet

Existían diferentes escuelas de ikebana y la práctica comenzó a llevarse fuera del contexto religioso. Los generales japoneses solían practicarlo, ya que decían que les permitía liberar su mente para tomar buenas decisiones en el campo de batalla. Si bien la práctica perdió popularidad después del siglo XVII, aún existen más de 1,000 escuelas de ikebana.

Estilos

En el siglo XV, el monje Ikenobo Senkei se convirtió en un maestro muy popular en este arte, fundando la Escuela Ikenobo en el Templo Rokkaku-dō de Kyoto. Ikenobo era un experto en la decoración floral de los altares.

En esta escuela surgió el rikka (flores de pie), considerado la base de todos los estilos. Este estilo fue usado principalmente en ceremonias; las reglas del rikka no se formularon definitivamente hasta 1545. Esta elaborada forma de arte se realizaba en floreros de bronce altos, y para ello era necesario tener una habilidad técnica muy alta.

Estilo rikka. Foto tomada de Internet

La rama principal, que era el símbolo del cielo o la verdad, era habitualmente asimétrica, y se doblaba hacia la derecha o la izquierda antes de que su punta superior volviese al eje vertical central. De la masa central, el centro de una esfera imaginaria, emergían numerosas ramas, cada una con su significado simbólico y su función decorativa propios. De manera global, un trabajo de rikka era un microcosmos que representaba todo el universo a través de la imagen de un paisaje. Las características principales asimetría, simbolismo y profundidad espacial sirvieron para ejercer una fuerte influencia en desarrollos posteriores.

Durante el período Azuchi-Momoyama (1568-1603) aparece el estilo chabana, (flores de té), un estilo contrario al rikka. Este estilo es el que se usó para la Chanoyu, ceremonia japonesa del té, y se dice que fue un estilo desarrollado por Sen no Rikyū, aunque otras fuentes afirman que fue su esposa quien lo desarrolló. Chabana es un simple arreglo de flores de temporada o ramas colocadas en un pequeño recipiente.

Este estilo se convirtió en la base del nageire, (tirarlo dentro). Se trata de un estilo muy sencillo, surgido en el período Edo (1603-1868),  en el que una serie de flores o ramas se ponen se ponían en un florero alto y se empleaban medios técnicos sutiles para producir una evocación sencilla y poética de la belleza natural. El nageire tiene tres formas de expresión: vertical, inclinado,  y colgante, Muchas veces se trata de una única rama sobre un recipiente, el cual puede ser de bronce, en caso de ser una rama pesada, o de porcelana, si la rama es frágil y ligera; también se pueden situar en la pared sí se trata de una planta trepadora.

Estilo nageire. Foto tomada de Internet

El nageire es el contrapunto del rikka. El rikka se centra en lo grandioso, lo elaborado, lo fijo y lo simbólico, mientras que el nagiere trata lo pequeño, la espontaneidad, la sugestividad y el respeto hacia la naturaleza.

Durante el período Edo Japón disfrutó de paz interna y crecimiento económico estable. El Ikebana, terreno exclusivo de los monjes budistas y miembros de la corte y la aristocracia, pasó a ser practicado por muchos samuráis, comerciantes adinerados y otros, incluyendo las mujeres.

Un nuevo estilo más sencillo que se hizo popular rápidamente fue el llamado seika o shoka (ambas palabras se escriben con los mismos caracteres chinos), que significa literalmente “flores vivas”. El estilo seika, aunque seguía siendo más bien formal, empleó una composición de tres ramas basada en un triángulo asimétrico, o escaleno.

Estilo Seika o Shoka. Foto tomada de Internet

Además, dentro del shoka hay tres tipos diferentes: el formal, el semiformal y el informal. El primero de ellos se utiliza en los templos y se basa en un aspecto severo y solemne: tres ramas verticales mirando hacia el cielo, es decir, la tradición del kuge. El segundo se usa en un ambiente más hogareño, apareciendo en el tokonoma, donde las flores y las ramas se extienden libremente a ambos lados. El último es libre e imaginativo, pudiendo aparecer tanto en el tokonoma como en soportes colgantes.

Otra novedad de este periodo fue la aparición de arreglos intelectuales bunjin-bana, los cuales reflejaron las sensibilidades de los eruditos y pintores chinos. El hecho de que cobrasen relevancia en esta época fue debido a la publicación de un libro de China titulado Heishi. Este estilo se practicó de forma personal, presentándose de manera libre, siendo muy diferentes los arreglos a los que se podían ver en las casas de té.

Estilo Bunjin-bana. Foto tomada de Internet

La era Meiji (1868-1912), significó la apertura de Japón a la influencia
occidental, trayendo grandes cambios a todos los aspectos de la vida nacional. Durante esta era surgió el estilo moribana, (flores apiladas), creado por Ohara Unshin (1861–1917), quien fundó la Escuela Ohara-ryū.

Ohara Unshin, creador del estilo moribana. Foto tomada de Internet
Estilo moribana moderno. Foto tomada de Internet

Este estilo emplea recipientes anchos y poco profundos, denominados suiban, (cuencos de agua), lo que permitía que el artista pudiese crear paisajes, shakei, que representasen a la naturaleza. Es un estilo en el que se dio una gran libertad en la elección y combinación de flores. En este tipo de “arreglo” a veces se utilizan piedras y cuando se utilizan tres, se denomina Yang (masculino) a la que está de manera vertical a la derecha, y Ying (femenino) a una de las dos más pequeñas. El moribana, al ser un estilo tan libre, dio lugar al jiyu-bana, (libre disposición), en el período Showa (1926-1989).

Desde aquí hubo muchas innovaciones que dieron lugar a escuelas modernas, que se fundaron en el siglo XX. Entre ellas hay dos que destacan: la Escuela de Koryu, fundada en 1900 por Tsunoda Mansaku, la cual hace mucha incidencia en las reglas matemáticas y geométricas, y  la Escuela Sogetsu, fundada por Teshigara Sofu (1900-1979), que rompió con las tradiciones del ikebana, dando lugar a la individualidad y al desarrollo de la imaginación.

Teshigara Sōfū. Foto tomada de Internet

Durante la posguerra aparecieron trabajos vanguardistas, zen’eibana, que introdujeron al ikebana ideas surrealistas y abstractas; de este modo, se ampliaron los trabajos y los materiales. En esta línea nace la Escuela Ichiyo (1937), que rompería una vez más con las tradiciones del ikebana e introduciría nuevos materiales.

Tras la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) aparecieron muchos institutos, organizaciones, asociaciones, departamentos, museos, etc., que fomentaron y desarrollaron el ikebana. Destaca la fundación Ikebana International, fundada en 1956, con el acuerdo y el apoyo de las principales escuelas de ikebana, y que continúa siendo una fundación muy importante, hoy en día, a nivel mundial. También hay que destacar el Museo de Ikebana de Kyoto, fundado en 1976, el cual exhibe una gran cantidad de ikebana.

Elaboración y estructura

Uno de los puntos importantes del ikebana es el minimalismo, ya que utiliza hojas, semillas, flores, ramas y frutos, que cada artista acomoda basándose en sus sentimientos por la naturaleza.

Existen varias reglas para la elaboración de un ikebana, la primera y más importante es el silencio absoluto, incluso muchos practican la meditación, ya que es necesario que la persona esté conectada con la naturaleza y el entorno que lo rodea.

También, antes de comenzar a elaborar un Ikebana es necesario que la persona se relaje y se aleje de cualquier distracción, dedique unos momentos a la observación de detalles de la naturaleza que suelen pasarse por alto en la vida diaria y se sienta en paz y en sintonía.

Para que un Ikebana cobre forma y sentido, debe hacerse con lentitud y precisión, no existen reglas a la hora de poner o quitar flores siempre y cuando este refleje de forma puntual lo que el artista experimento en el proceso previo a su creación.

Todo Ikebana, está compuesto por tres líneas básicas y fundamentales que constituyen la base del arreglo floral, este principio tiene su origen en el budismo y es un principio espiritual.

Estas líneas representan la luz y la sombra (como concepto de personalidad) y lo que podríamos llamar el “Principio del Tres” (como concepto cósmico), representado por tres líneas maestras de diferentes alturas que rigen el universo.

Principio de Tres, en el que se basa el ikebana. Foto tomada de Internet

La línea más importante es el tallo principal, el Cielo (Shin); este tallo es la línea central de todo el Ikebana, por ello es el tallo más fuerte de todos. El segundo en importancia es el Hombre (Soe); está colocado de manera que proporciona el efecto de un desarrollo oblicuo proyectado por delante de la línea central. Debe tener aproximadamente dos tercios de altura del tallo primario y hallarse inclinado. El tallo terciario (Hikae), representa a la Tierra, y está insertado hacia el frente o ligeramente hacia el lado opuesto de la base de los dos primeros, todo lo que hay en el Cielo, sol, luna, nubes, aire, lluvia… da energía y alimenta a la Tierra, la Tierra la transmite a los seres vivos, el Hombre, plantas, flores, animales…… produciendo y manteniendo el equilibrio y armonía universal.

El Ikebana es un arte que toma de tiempo, esfuerzo y concentración, pero sobre todo armonía. Como en muchas otras artes orientales, el camino es más importante que la meta.

Significado Simbólico

En Japón, las plantas y flores poseen un significado simbólico. Por lo tanto, en el Ikebana se presta especial atención a la selección de los materiales, que pueden variar en función de la época del año.

Por ejemplo, que simboliza la eternidad, es el material preferido para el Año Nuevo, y va acompañado tradicionalmente por el bambú, para añadir la flexibilidad de la juventud, y ramas de albaricoquero en flor, que dan la serenidad de la edad madura.

Las ramas de melocotonero en flor son comunes durante el 3 de marzo, día del Festival de las Muñecas (Hina Matsuri), también conocida como Fiesta de las Niñas. Los irises japoneses, que simbolizan la masculinidad, se exponen el 5 de mayo, Día de los Niños, y el bambú es parte de las decoraciones de Tanabata, la Fiesta de las Estrellas, el 7 de julio. La cortadera, típica del otoño, se emplea tradicionalmente cuando la gente se reúne para ver la luna de setiembre (tsukimi)

El simbolismo también tiene lugar en la forma del arreglo, así como sus colores. Como Japón suele experimentar fuertes vientos durante el mes de marzo, muchos arreglos creados durante ese mes tendrán ramas curvas para imitar el movimiento del viento. Las flores blancas son ideales para dar la bienvenida a un nuevo hogar, ya que son un símbolo del agua y protegen contra futuros incendios. De la misma manera, las flores rojas deben evitarse en esa situación, ya que simbolizan fuego.

Cada flor, en su especie, tiene un significado: si uno pone por ejemplo una dalia, significará agradecimiento, si pone una caléndula significará separación, si pone una yedra significara amistad; por otro lado flores completamente abiertas, hojas marchitas o secas, representarán el pasado, flores a medio abrir y hojas perfectas, el presente, capullos, flores sin abrir que sugieren un futuro crecimiento. En las composiciones de Ikebana, los ramos y las flores se colocan asimétricamente, de manera ternaria y tienden a formar un triángulo.

Pero además, el Ikebana también tiene una mirada filosófica sobre las cosas. Quien hace el Ikebana (ikebanaka) comienza el trabajo sabiendo que lo que hace es efímero. Que su arreglo floral no está destinado a permanecer. Así, el concepto de fondo en el camino de las flores es la transitoriedad.

De esta manera, el Ikebana nos conecta con una mirada de la vida que se ancla en el momento presente, en la belleza de lo que existe aquí y ahora, concepto vinculado al budismo. También con disfrutar del proceso, independientemente del resultado.

En este sentido, también resuena de fondo la idea de encontrar lo bello en lo imperfecto. Por eso también el Ikebana se caracteriza por ser asimétrico, y por preferir las formas irregulares a la estructura. Y priorizar siempre la simpleza a lo sobrecargado.

En la actualidad

Hoy en día, el ikebana es apreciado por su atención al color, la forma y las líneas, ofreciéndoles a sus  practicantes un canal para expresar su creatividad. Elementos tradicionales como el bambú y las ramas de ciruelo se mezclan a menudo con la flora local o estacional para crear nuevos e innovadores arreglos. En el ikebana contemporáneo también se emplea cristal,  metal y plástico.

Práctica del ikebana en la actualidad. Foto tomada de Internet

Si bien es cierto que hoy no sólo se emplea para decorar los espacios sagrados, la intención original del ikebana se mantiene: entablar un diálogo respetuoso con la naturaleza, y los elementos que de ella florecen.

  

     

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